MI SUEÑO EN UNA CONSULTORÍA

 

Por: Julio César García Calderón

 

Recuerda: “el mal de estos tiempos es el famoso estrés, sino lo tratas a tiempo al final tendrás que someterte a una larga y costosa consultoría”. Concluyentes palabras de un simplista y preocupado Galeno que con esta frase determinó mi preocupación por la calidad de mis sueños.

 

Resulta, que desde hace un buen tiempo estos sueños se habían tornado demasiados delirantes como fantasiosos, preocupantes por su contenido, alteraban mi estado de ánimo por su sombrío contenido, ya que mayormente soñaba contemplando actos aberrantes de la galopante corrupción, en el cual solo unos pequeños portavoces se lanzaban al océano de la apatía para nadar contra la corriente y poder desnudar a esas temibles fieras políticas como apocalípticas disfrazadas de ángeles salvadores, para de esta manera hacer ver a los complacientes e indiferentes espectadores que no son más que demonios al acecho de la ingenuidad democrática popular, y que solo responden al santo y seña de la corrupta billetera gruesa y mal habida, en “honor” al “poder” que dicen con engaños electoreros, el pueblo le otorgó.

 

Recuerdo una gran “hacienda Municipal”, muy prospera en sus ingresos por los dineros que recaudaba por sus servicios, y por la gran cantidad de dinero que recibía por los aportes de todos nosotros y que le entregaban para que los invierta en mejoras para beneficio de nosotros los pobladores.

Pero aquí viene el primer gran detalle. Equivocaron lo dispuesto en el destino de los beneficiarios, y al final veía en mi sueño como los encargados de administrar esa gran “Hacienda municipal” despilfarraban y “desaparecían” el millonario dinero.

 

Sorpresivamente aparecían con propiedades de material noble y hasta de varios pisos, ya estaban cansados de caminar y adquirían movilidades como comprar un calzoncillo, a pesar del pequeño sueldo que les pagaban por su trabajo con el cual no se comprarían ni una buena bicicleta. Negociaban con las tierras lotizadas del predio municipal al mejor postor, imagínense que hasta al mar lo vendían, les engañaban a los vecinos haciéndoles “obras” que nos les solucionarían ningún problema, pero eso sí, lo que importaba era que los grandes “constructores” e intermediarios que estaban de por medio, ellos y otros más que fungían de administradores del desarrollo Municipal deberían ser los grandes beneficiados. No importa que la obra sea de mala calidad, que después no funcione o se caiga a pedazos, que no cumpla con los requisitos solicitados tendenciosamente, o que simplemente no se entregue la obra al desmemoriado pueblo al cual se le dice que ya se gastó y punto, porque al final todo estaba direccionado y sobretodo bien aceitado. Y todo con visos de supuesta “legalidad”

 

Más aun lo que atormentaba mi sueño era ver la gran cantidad de facturas, boletas, recibos por honorarios y otros informes y requerimientos más que poblaban el predio Municipal y que precisamente estos aparentes simples papeles como magos desaparecían el dinero. ¿Cuántos de esos documentos eran verdaderos, y si era  esa la cantidad y calidad solicitada? No lo recuerdo, porque si lo intento de repente llego a la depresión. A eso hay que agregarle las cifras, cuadros estadísticos y demás informes de la “Hacienda  Municipal” y que los requiere el contador nacional para saber cómo han gastado el dinero.

Allí es donde me confundía con el informe médico, porque él me hablo de una consultoría y esa palabra la escuchaba en mis sueños a cada rato por parte de los administradores municipales. Para todo trabajo se hablaba de contratar una consultoría, para elaborar expedientes, para modificar su TUPA, para registrar los bienes de la “Hacienda Municipal”, para implementar programas, y hasta para elaborar los cuadros financieros pedían contratar una consultoría y por allí se “tiraban” el dinero.

 

Pero, ¿Qué era una consultoría? Bueno, yo soñaba como el responsable de contabilizar toda la documentación Municipal elaboraba estos cuadritos por lo que le pagaban su sueldo, pero pillamente éste solicitaba contratar a otra persona para que supuestamente haga ese trabajo ya hecho y presente uno de esos papelitos de recibos y entre los dos  se embolsen en las dos billeteras no mínimo de S/.7,500.00 que daba felicidad a la gran corrupción, y lo más penoso, todo esto con el visto bueno y hasta oleado y sacramentado por el máximo jerarca de la “Hacienda Municipal”. Esta era una de las tantas. Pero uno de ellos asqueado de semejante putrefacción le puso la cruz y se fue.

 

¿No les daría repugnancia y les estresaría a Ustedes estos sueños?  Por eso retorné al Galeno tratante para preguntarle sobre lo dicho de una larga y costosa consultoría, y para sorpresa me aclaró que se refería a un largo tratamiento médico en su consultorio, que al final me resultaría pues bastante costoso.