EL JUEGO DE LOS DUENDES

 

Por: Julio César García Calderón

cegacal@hotmail.com

 

Eran los días del alba de la Radiodifusión en nuestra Capital Provincial San Pedro de Lloc. Frederish Buchelli había comenzado a operar por primera vez con la hoy desaparecida emisora que la denominó “Radio San Pedro”, la cual congregó a varios entusiastas amigos amantes de la locución que decidieron sacarla adelante para que a través de esa trinchera les sirviera para hacer algo por nuestro San Pedro querido.

 

Dentro de los primeros que llegaron a hacer uso del micrófono y aportaron con sus conocimientos en la locución y programación, estaba un novísimo amigo que desde las lejanas tierras donde se plasman las líneas de Nazca, había llegado por estos lares a consolidar y verter sus conocimientos universitarios como muelologo.

 

En una de esas tantas reuniones que realizamos en los ambientes de la Radio que estaba ubicada en uno de los locales externos del mercado central con vista al Pasaje Brito, se comentó éstas experiencias que les sucedieron al locutor Muelologo y a una de las secretarias de la “Radio San Pedro” por ese tiempo.

 

Nuestro amigo Muelologo tenía su programa musical nocturno que le llamaba “Fiesta Latina, el programa con sabor a gelatina” y él como animador se autodenominaba “el cirujano que opera toda clase de ritmos”. Su señora esposa también es de la tierra del vino y la cachina, y habían constituido su inicial hogar en la calle Libertad a escasos pasos de la plaza de armas en San Pedro de Lloc.

 

Después de haber finalizado su programa musical en una de esas noches de programación, se dirigió a su hogar con la finalidad de concurrir con su esposa a una invitación en un compromiso social en casa de su vecina quien tenía una agencia de transportes justo al lado de su domicilio. Después de hacer las coordinaciones y previsiones del caso decidieron concurrir los dos, quedando dormida su hijita, de unos ocho meses de nacida, en la cama de su cuarto; con la condición de concurrir a verla a cada momento por si se despertara, ya que la reunión era al ladito de su casa.

 

La casa del amigo Muelologo también tenía compartimientos en la parte delantera para su consultorio con una salita de espera, luego su sala comedor, y después seguía el cuarto donde estaba su hijita durmiendo. Estando ya en la casa contigua, a instantes prudenciales los dos se turnaban para ir a observarla. En una de esas tantas idas y venidas a su casa, el Muelologo se llevó una escalofriante sorpresa. Al empujar la puerta de la calle para una vez mas concurrir a ver a su hija, la puerta solo se abrió un pequeño espacio y le ofrecía seria resistencia para abrirse del todo, ya que sentía como si hubiese un peso colocado detrás de esa puerta. Poco a poco con sumo cuidado y temor se hizo campo y logró hacerse el espacio suficiente para ingresar a su casa.

 

Imagínense el impresionante desconcierto que se llevó el Muelologo, cuando al querer comprobar que es lo que impedía abrirse totalmente la puerta, y al mirar detrás de ella, se encontró con una sorpresa que casi lo desmaya: el obstáculo que frenaba toda posibilidad de normal apertura era, nada y nada menos, que su propia hijita que yacía en el piso envuelta con sus pañales y ropita, muy tranquilita y jugueteando con sus deditos detrás de la puerta que da a la calle, y a quién la había dejado hace minutos nomás, durmiendo en la amplia cama de su cuarto con todas las seguridades del caso.

 

Desde la puerta, sin moverse y con la mirada fija en tan desconcertante cuadro, llamó con voz fuerte y desesperada a su esposa. Al escuchar los sorpresivos gritos del Muelologo salieron a la carrera y asustados su esposa junto con los vecinos que se encontraban en la reunión. “¿Qué pasa Doc?, ¿Qué sucede?”, fueron las preguntas al unísono. Mientras su esposa desesperada se hacia paso entre los vecinos para acercarse a la puerta donde se encontraba el Muelologo. Este todo nervioso al ver a su señora le indicó: ¡mira la bebe! señalándole con la mano a la criatura que se encontraba aún en el piso en la entradita de la casa. “No la he tocado ni movido nada para que tu veas – de verdad me preocupa esto, no se que puede haber pasado, esto es bien extraño” le comentó el Muelologo tratando de encontrar una explicación.

 

Su señora con una exclamación de sorpresa y temor rápidamente cogió a su hijita y la llevó a sus brazos mientras la Bebe seguía jugueteando ajena a todo lo que acontecía a su alrededor. Allí nomás se acercó la vecina, la dueña de casa donde se realizaba la reunión, una señora ya de edad, quien al ver lo acontecido les dijo con cara de preocupación: “¡vecina, ese es el duende!, si vecina, con toda seguridad el duende la trajo hasta acá. Ellos sacan a los bebes, a los niños para jugar”, “por esta parte hay duendes vecina, le digo por que yo los he visto y lo mismo pasó con uno de mis hijos. En la parte de atrás de nuestras casas hay plantas de higo y papayos, allí paran ellos”.

 

Ante el desconcierto de los esposos, los vecinos y curiosos comenzaron a realizar una y mil conjeturas sobre lo sucedido. Todos miraban a la bebe, la examinaban por un lado y otro, revisaban las chapas de las puertas, buscaban en todas las habitaciones, debajo de los muebles, retiraban las mesas, hay quién se subió a inspeccionar hasta el techo, es decir la casa fue revisada minuciosamente y no se encontró nada alterado, pero tampoco nadie encontraba una explicación lógica a lo que habían visto.

 

Lo asombroso estaba en encontrar una ilustración real de cómo la Bebe de apenas ocho meses de nacida que ni siquiera daba paso alguno, había podido llegar hasta la puerta; teniendo en cuenta que el cuarto tenía puerta, el comedor también, y el tramo era de mas o menos ocho metros desde donde la dejaron hasta donde la encontraron. Ahora, ¿Quién la llevó hasta allí, como, y para que?

 

Completamente extrañados todos regresaron a mirar a la vecina y ella mas segura que nunca volvió a expresar su tesis: “¿que les dije?, eso es cierto vecina, es el duende quien la sacó hasta acá, ha estado jugando con ella aquí por eso es que la bebita ha estado tranquilita. Yo sé por que le digo, y peor que su hijita no esta bautizada, los duendes buscan a ellos” Todos se quedaron mudos y la incertidumbre continua aún.

 

A su turno la entonces secretaria de la Radio fortaleció la tesis de la existencia y juego de los duendes al contarnos su propia experiencia con una cara de espanto como si aún estuviera viviendo el momento: “Eso es cierto Doc, a mi me a pasado con mi hijito de tres añitos. Ese día hemos estado en la casa con unos familiares, nos reunimos en la sala hasta más o menos cerca de las once de la noche en que nos hemos despedido. Bueno, cada uno agarró su rumbo y nosotros nos dirigimos hacia los dormitorios, y yo fui a verlo a mi hijo y acomodarle la cama para que se acueste.

 

Hemos cerrado la puerta y nos dirigimos a descansar. Pasado un buen tiempo ya casi quedándome dormida no se que se me dio ir a verlo a mi hijo para ver si ya estaba dormido, pero para sorpresa y desconcierto mío el mocoso no estaba en su cama. He comenzado a buscarlo gritándolo por toda la casa, de habitación en habitación. Ya desesperada levanté a mis familiares para que me ayudaran a ubicarlo porque sabíamos que no podía estar lejos por que era un niñito de apenas tres años que todavía caminaba muy poco.

 

Lo que mas me enloquecía era la hora ya que estaba cerca de la media noche, y ¿que podía hacer una criatura solita a esa hora?, no quería ni pensar que le podía haber pasado. Confundida abrí bruscamente la puerta para buscarlo por si acaso se hubiera quedado en la calle, y para sorpresa nuestra este chiquito estaba en medio de la cancha de cemento en la parte externa del estadio “Julio C: Brito” correteando y riéndose como si estuviese jugando con otros niños más. He corrido, lo cogí del brazo y con la desesperación le pregunté con el tono de voz un poco subido: ¿Por qué te has salido de la casa a esta hora?, ¿Qué haces aquí?, y la respuesta que me dio me dejó bastante asustada: “estoy jugando con mis amiguitos”, “¿Qué amiguitos si yo no veo a nadie?, ¿y como has salido, quién te abrió la puerta?, obteniendo una respuesta que casi me desvanezco: “mis amiguitos me han sacado de la casa, ellos han abierto la puerta y me han traído para jugar acá”.

 

No sabía que hacer, todos nos mirábamos, hasta que uno de nuestros familiares mencionó esa palabra que no me la quería imaginar: “para mi que son los duendes, eso es mas que seguro, así es que vamos entrando a la casa rápido, por aquí dicen que siempre se aparecen, hay que tener cuidado”.

 

Lo he alzado y lo agarré fuerte y nos dirigimos con dirección a nuestra casa, y para terminar de sorprenderme lo veo que regresa a mirar al sitio donde lo había encontrado correteando, y con una de sus manitas comienza a hacer “adiós” como despidiéndose, yo le volví a preguntar: “¿a quién le alzas las manos, porque haces así?”, y el temor se apoderó de mí al escuchar lo que me volvió de contestar: “a mis amiguitos que están allí, ¿Qué no los ves?”. No regresé a mirar más a ese sitio, solo traté de ingresar lo más rápido posible a mi casa, y de paso no dormir toda la noche cuidándolo para que no vuelva a suceder esa tenebrosa experiencia”.