UN CUENTO DE OFICIO

 

Por : Julio César García Calderón

 

El flaco Alexander había trabajado casi dos meses a todo dar para lograr su objetivo propuesto de comprarse una buena bicicleta e implementarla con diferentes accesorios modernos, incluido un sistema de luces para poder transitar por la noches del Asentamiento Humano donde residía hacia la Panamericana, y desde luego, para hacer mas fácil el transporte de su domicilio a su Centro Educativo, que queda en la sede del distrito, en éste su último año de secundaria. Se paseaba bastante orgulloso de su pequeña unidad móvil conseguida con el esfuerzo de cargar diariamente cantidad de sacos de arroz en los Molinos de la zona, y de otros trabajos programados por él ya que su juventud le permitía tamaño esfuerzo.

 

Una mañana cuando el sol aún tímidamente trataba de asomarse, y estando ya cercano de retornar a sus labores escolares, salió de su domicilio con la intención de encontrar un último “canchito” que le permita completar el importe para comprarse unas zapatillas de moda y que le sirvieran a la vez para el curso de Educación Física. Se desplazaba de lo más tranquilo, cuando de repente al salir de una de las curvas y bajar la velocidad para sortear el rompe muelles, aparecen de entre los arbustos dos personas que posesionándose en medio de la pista y mostrándole un palo y un prominente y afilado cuchillo uno, y un arma de fuego el otro, lo hicieron rodar bruscamente enredándose con su amada bicicleta a la cual él se aferraba tratando de protegerla.

 

Los delincuentes se abalanzaron hacia él, lo patearon en el piso, innecesariamente lo golpeaban con el palo, y hasta la pistola recorrió su sudorosa frente infundiéndole cantidad de amenazas hasta lograr reducirlo y tranquilamente subir los dos delincuentes a su bicicleta y perderse por uno de los muchos desvíos que hay a lo largo de la carretera, dejando a éste joven de apenas dieciséis años en el mas terrible de los traumas, abandonado a su suerte, confundido y no pudiendo comprender como tanto esfuerzo para conseguir su propósito, podía un unos segundos ser arrebatado por estos delincuentes acostumbrados a vivir del trabajo de otros.

 

Como pudo, corriendo regresó a su casa a dar la ingrata noticia a sus padres quienes primero lo limpiaron de las heridas, y luego lo condujeron a la Comisaría a poner la denuncia y pedir que capturen a éstos sinvergüenzas. Para esto, uno de los policías ya más o menos sabía de lo sucedido, incluso, estaba casi seguro de quienes eran los delincuentes por las características que le había brindado un agricultor que a esa hora pasaba por uno de los desvíos cercano al lugar de los hechos. Con la denuncia hecha, el Jefe Policial ordenó a sus efectivos un operativo directo ya que conocían el probable lugar de alojamiento de estos malhechores. No pasó mucho tiempo cuando se le ve llegar a la camioneta policial que traía a uno de los delincuentes, el cual fue inmediatamente reconocido por el joven agraviado quien aseguraba que era uno de los que lo habían asaltado y robado su bicicleta.

 

Alexander junto a sus padres estaban en la oficina contigua y en forma silenciosa escuchaban la conversación y declaración que le hacía a un policía el delincuente, el cual estaba reconociendo que era el asaltante. Decía que la bicicleta le habían encargado a una persona que solo sabían su apelativo, y que el cuchillo y el arma de fuego la había llevado su compinche que había fugado. Salió un policía se dirigió a Alexander y le confirmó mencionando: "el "pata" ya declaró que él ha sido el asaltante y ya "soltó" también sobre tu bicicleta, solo estamos esperando al Fiscal para el interrogatorio y luego vamos a tratar de recuperar tu bicicleta".

 

Después de tanto esperar hicieron su ingreso apresuradamente dos personas, una se dirigió directamente a la sala donde estaba el detenido, y la otra persona se quedaba haciéndole preguntas al policía. Alexander se le acercó, interrumpió la conversación y le preguntó si era el Fiscal, éste le contestó que no, que él era el Abogado de Oficio que llegaba para asumir la defensa del acusado, o sea del delincuente. Confundido Alexander miró a su Padre y le preguntó al Policía como era eso. Éste le explicó que de acuerdo a ley había una oficina que se llamaba Defensoría de Oficio y que allí habían abogados pagados por el Estado que asumen defensa gratuita de las personas que no puedan contar con abogado, y en éste caso el acusado ha dicho que no tiene para abogado y por eso ha venido a defenderlo el Abogado de Oficio.

 

Luego escuchó una voz que decía: "Señor Fiscal quiero hablar a solas con mi patrocinado", otra voz le respondió: "puede hacerlo, prosiga Usted Doctor" Y allí nomás con tono de voz audible a todos, el que le dijo que era el Abogado de Oficio comenzó a explorar al acusado: "Mira, yo soy Abogado de Oficio vengo a defenderte en éste proceso que te acusan de asalto y robo a mano armada. Pero antes, dime, ¿los policías te han golpeado para que declares algo?, ¿te han maltratado sicológicamente?, ¿te han dañado tu peinado o arrugado tu ropa?, dime nomás, sino para denunciar a los policías. Luego prosiguió, "¿tú has sido el que lo has asaltado al chibolo y robado su bicicleta?, "si Doctor" le respondió. ¿Con quién más, cuéntame como ha sido?, y el sujeto con voz casi silenciosa le comenzó a narrar con lujo de detalles la forma como lo asaltaron y robaron su bicicleta a Alexander, luego como lo capturaron, y lo que le habían comentado a los policías de a quien le habían encargado lo robado y que estaba dispuesto a devolverlo.

 

El Abogado con voz enérgica le recriminó: "Mira comparito, te aconsejo, no vuelvas a repetir esta manifestación si no quieres irte preso por varios años ¿sabes cuál es la pena por lo que te están acusando?, por eso a la hora que el Fiscal te pregunte dile que nunca lo has visto al "patita" que te está acusando. Que tú no has sido quién dice lo asaltó y que se debe haber equivocado con otra persona parecida. Que a esa hora que menciona lo asaltaron tú has estado en tu casa descansando y que tu familia puede dar fe de ello. Que jamás has visto esa bicicleta, y que además no tiene ninguna prueba de ello solo la palabra del chibolo. ¡Ha! y lo que le has comentado a los policías niégalo rotundamente, dile que jamás has dicho eso y que solo te quieren incriminar. Y con eso sales libre ahorita mismo"

 

Inmediatamente el Fiscal ordenó el inicio del interrogatorio, y conforme a lo que le había instruido su Abogado de Oficio, el acusado con total cinismo negaba una a una las acusaciones. Todo lo que le había comentado a los policías sobre el asalto y robo de la bicicleta de Alexander y que él decía se la iba a devolver inmediatamente y que el Fiscal se lo recalcaba, decía eran acusaciones falsas. Todo este triste espectáculo ante el desconcierto de Alexander y la ira de sus padres que comenzaron a protestar. El Abogado de Oficio comenzó a fundamentar su defensa mencionando garantías constitucionales, ampliándola con una serie de leyes y artículos que según él amparaban a su patrocinado delincuente que ahora estaba negando cualquier tipo de participación en el hecho materia de la investigación, y también que ante la falta de pruebas contundentes que lo incriminen directamente debería de dársele su libertad inmediata. Ante esto, el Fiscal en acatamiento de la "legalidad", del "debido proceso", los "derechos humanos" y del "Nuevo Código Procesal Penal" optó por dejarlo en libertad dictándole solo orden de comparecencia.

 

Este dictamen enardeció a Alexander que comenzó a llorar de impotencia y a reclamarle a los policías presentes. Los policías a su vez se sintieron ofendidos y desalentados ya que sabían, como todos los presentes, la verdad de los hechos. El delincuente con risa sarcástica se burló de los policías y enrumbó con dirección a la calle, no sin antes decirles que le habían raspado su brazo al subirlo a la camioneta y que por eso los iba a denunciar. Mientras tanto las heridas que tenía Alexander en la cara, brazos y piernas comenzaron también a protestar brotando lágrimas de sangre. Lo llevaron al Centro Asistencial para curar sus heridas, pero lo que no podían curar era su frustración que tenía al ver que el Estado que, de acuerdo a lo que le habían enseñado en el colegio, estaba para proteger a todos sus ciudadanos y sin embargo hacía todo lo contrario, y lo peor, que con el dinero que aportamos todos estaba pagando abogados llamados "de oficio" para que defiendan a quienes destruyen a la sociedad, para que con sus asesoramiento vulneren y prostituyan el sentido de justicia, y que de esta manera están ayudando a quebrantar el estado de derecho, ya que con sus argucias y leguleyadas no permiten que casos delincuenciales sean esclarecidos y así se sancione a los responsables y de esta manera dar tranquilidad y seguridad jurídica a la población. No se dan cuenta que así están contribuyendo a incrementar el nivel delincuencial alarmante que hay, ya que quienes cometen fechorías se sienten respaldados y defendidos gratuitamente frente a toda una sociedad completamente indefensa...¿en qué sociedad estamos, y qué hacer?. Así con esta profundidad de su reflexión Alexander terminó su narración con el clásico "colorín colorado, este cuento ha terminado".